La donna è mobile

"Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino

Matarla

No, no lo entiendes, lo que quiero es matarla. Me gustaría que nada de esto hubiera sucedido, no lo entenderías. Si alguna vez la recuerdo me duele, y aún así, sonriendo, me abandono en evocar lo que me hizo sentir, seguro como estoy por primera vez en mi vida que no se repetirá. Se clavó dentro, se agarró a las paredes de mi carne y no hay forma humana de sacarla. Me he peleado conmigo mismo, he revuelto cielo, he revuelto tierra, intenté irme lejos, lejos de ella. Pero no puedo. Donde quiera que esté, su voz suena en mi cabeza, su risa, el eco de sus pisadas cuando se acerca; veo su rostro cuando se echa sobre el mío para besarlo, su cabello sobre mi pecho desnudo, sus manos, las mismas que se posaban sobre las mías, a veces manchadas de pintura que ahora veo limpias, sin un ápice de color, vacías, echándola de menos, estirándose y renegándome por su ausencia. Se lo ha llevado todo, amigo, porque todo se lo entregué a ella, aquí no ha dejado más que dolor, locura y limpieza. Todo está en orden desde que se fue. Pero revuelto. Sé lo que me digo. Fíjate, si ahora se apareciera frente a mí, y tendiéndome su mano me la ofreciera para tomarla, tendrían que obligarme para cogerla porque se la maldije en mil ocasiones, y la odio, y no la quiero ver. Aún así, siguiendo el impulso que su piel desata sobre mi voluntad, la estrecharía entre las mías y la besaría porque mis labios no saben hacer otra cosa mas que besarla, besarla sin saber donde está el límite de mis besos, besarla porque así me lo pide con sus ojos que no brillan si no es ante los míos. Ella me enseñó dónde se esconde el placer de un solo beso, sus pausas, su liturgia, su ceremonia. No, no lo entenderías, yo lo que quiero es olvidarla. No sé como hacerte entender que queriéndola como la quiero, no hay persona a quien odie más en este mundo. Porque nada de esto debió comenzar. Todas las noches desde que se fue, me giro en la cama y la busco, pero no la encuentro porque no está allí. Entonces mis manos se pasean sobre las sábanas, tanteando, y yo, con los ojos cerrados, imagino que al siguiente movimiento la voy a tocar, y que estará frente a mí, mirándome fijamente, envuelta en ese halo de ternura y deseo, invitándome a su fiesta. Entonces lloro amargamente porque ni yo mismo consigo engañarme, y acabo abriéndolos para encontrarme con la realidad. Que no está. Que no. No amigo, lo que quiero es quitarme este recuerdo de la cabeza y no odiarla, ni quererla, ni desearla, ni evocarla siquiera. Me gustaría no saber su nombre, ni conocer el perfume que ha impregnado a fuego vivo sobre la almohada y que se resiste a abandonarla, a abandonarme. Pero lo sé, conozco su nombre y la quiero, y abrazo a medianoche la almohada y la estrecho tan fuertemente contra mi cara que a veces creo que moriré si es que me lo propongo, y aguanto un tanto más -enrabietado, ido, maltrecho, embriagado de su perfumada ausencia- e intento acabar con todo. Morir así, con mi cara agarrada a su recuerdo sería justo pago para este dolor. Pero no, no tengo valor para eso porque sé que si sigo respirando, si sigo evocándola y viviendo en su recuerdo, volverá. No puedo hacerle eso, me quiere y volverá porque es mía, así se lo dije: "eres mía". "Mía, mía, mía...". Que es mía, amigo, que lo es desde que la conocí. Mira, paseo por mi casa y los lienzos que dejó colgados se me clavan en lo más profundo, me hieren como espadas queriendo darme muerte; paso de una habitación a otra procurando no mirarlos, intentando huir de su llamada; bien quisiera agarrarlos y tirarlos por la ventana, destrozarlos, romperlos con sus mismos puñales y arrancar de cuajo los colores, las formas, los fondos. Bien quisiera sacarla de mi casa a patadas amigo, pero antes de hacer eso me arrancaría yo mismo el corazón y lo echaría al fuego porque no quiero verlo así: mustio, apagado, susurrándome muy bajo. Me digo a mí mismo que el tiempo curará cuanto ahora duele, me he jurado no volver a decir su nombre. Ana. Ana. Ana... Ay, Ana. Tengo que matarla, amigo, me va la cordura en ello. Llévame lejos amigo porque no consigo alejarla de mis pensamientos, tómame de las manos y llévame a cualquier lugar, no importa dónde, sácame de aquí. Pero tira fuerte porque no quiero irme. Tira con todas tus fuerzas porque te va a costar separarme de ella. Así, así amigo, llévame lejos, vámonos de aquí. ¡Espera! ¡Espera! Una última cosa. He de despedirme, dejar alguna nota, estoy seguro que volverá y cuando lo haga necesitará encontrarme. Dime donde estaré que ella pueda llegar. Dime, amigo, que iremos a un sitio que le será fácil encontrar, dime que no será tan lejos. Dime que volverá, miénteme, tú eres mi amigo. ¿Volverá, verdad? Ana. Ana. Mía. Mía. Mi Ana.
Sácame de aquí. Sácame.

Jueves, 13 de Enero de 2005 17:03.

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gravatar.comAutor: egonauta

Noche de aquelarre y noche de San Juan, donde todo arde preparando sitio a lo nuevo.

Esta vez, através de él se te nota respirar como ella, con añoranzas de lo no sentido, soñando con lo no añorado. ¡Ana, Ana, Ana...!

El imsomnio que hoy compartimos, mientras Saf anda a gamusinos, deberá perdurar.....

En caso de duda, la cama es un buen sitio para meterse a esta hora.... Bellos sueños

Fecha: 13/01/2005 02:30.


Autor: Mobile

Bueno, lo de ayer ya está hecho. Ahora toca lo de hoy, y ¿mañana? mañana ya veremos.

Al ataque.

:-)

Fecha: 13/01/2005 09:52.


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